miércoles, 25 de noviembre de 2009

6/11/2009 Delhi, primera parte












6 de septiembre 2009- Mañana: visita a Delhi

Nueve y media dejamos el palacio The Lalith (el hotel donde nos alojamos), y abordamos un auto blanco, Subaru, nuevo, con aire acondicionado y un chofer macanudísimo: Karen Sing. Comenzaba el viaje fantástico. Porque, claro, casi 28 horas de avión no son una experiencia agradable, gracias a las mezquinas compañías aéreas. En otra oportunidad había viajado por Air France. Puedo decir que British Airways 2009 es peor. No sólo la torturante estrechez de la clase turista: ni siquiera los asientos de primera podían considerarse confortables: eran cubículos encerrados por mamparas, como en una oficina. Deprimente. Por otra parte, no sé si tendrá que ver la BA, pero cuando volábamos de noche a la altura de Dakar, sobre el mar, caímos repentinamente en un pozo de aire que yo calculo en por lo menos cien metros. Cien metros de caída libre repentina, de plano (no en picada). Y enseguida otra. Despertamos. Fue un griterío impresionante, de terror. Una jovencita cordobesa que viajaba detrás de mí sufrió horrores el resto del viaje. Ni siquiera aceptó ser llevada a primera clase. Desde luego, nadie dio explicaciones. Un comisario de a bordo de dijo con sorna que habíamos caído “un par” de metros. Me preguntaba si estas caídas repentinas, de las que nadie habla, son frecuentes. Y si el Air France que cayó en el océano sufrió algo parecido. Afuera había relámpagos. Atravesábamos una tormenta. Pero bueno, llegamos de noche a Delhi, y lo primero que dije, a nuestro guía Anwar Sing que “aquello no era lo que esperaba”. Circulamos por una larga autopista iluminado, entre edificaciones enormes, junto a un ferrocarril elevado que en la ciudad continuaba bajo tierra: un nuevo metro del centro de Delhi al aeropuerto, con motivo de las Olimpíadas de Commonwealth de 2010. Y según dijo el guía, se construían aceleradamente hoteles para albergar a los visitantes. Como el que nos destinaron, nuevo, alto (estábamos en el piso 20), que nos apabulló con su belleza y modernidad y su enorme carga de objetos de arte. Un detalle curioso: el baño estaba separado del cuarto por una pared de vidrio, junto a la bañera. Con cortinas, si uno quería cerrarlo. Salimos a Delhi, por la mañana. El guía, Anwar, nos contó la historia de la ciudad. “Nueva” Delhi era la zona donde estábamos, en el Parque Connaught, y era la ciudad construida por los ingleses junto a la milenaria, “vieja” Delhi. Y hacia allí fuimos. La primera parada sería el Fuerte Rojo de Delhi.


Las calles siguieron siendo amplias, hasta llegar a la vieja Delhi. Pero apenas enfrentamos las avenidas, la marea verdeamarilla de los moto-rickshaws se volvió hipnótica. Circulaban colectivos, muy parecidos a los de Buenos Aires, aunque antiguos. En pocas oportunidades vimos alguno moderno de piso bajo. La peculiaridad que me llamó la atención fueron las ventanillas cerradas con varillas metálicas, a modo de rejas. Como fondo, enormes y modernos edificios.

Luego llegamos a la parte vieja. El contraste entre modernidad y obsolescencia se hizo patente. Obsérvese la calle de tierra junto a la avenida, con barro. A la altura del Fuerte, los templos, cuidados, uno junto a otro, se hicieron comunes. Allá, arriba, uno de los muchos signos sagrados de la cultura india: la esvástica. Buena señalización, siempre en inglés y a veces también en hindi. India sabe lo que es el turismo y cómo “explotarlo” lealmente.

Los numerosos jeeps que se ven en la foto son una segunda o tercera forma de transporte. Primero están los bici-rickshaws, luego los moto-rickshaws, luego los jeeps que cargan personas como taxis. Hay taxis en modernos automóviles, como el que nos conducía, sólo identificables por el color de la chapa patente. Y los colectivos. Y, desde luego, motos, scooters, todo tipo de vehículos individuales motorizados. Mucha ropa occidental en los hombres, pero algunos vestidos a la india, según distintas religiones. Las damas, en cambio, utilizando unánimemente el sari.

El Fuerte, según los libros (y la copiosa información que nos daba el guía) el Lal Qila, Fuerte Rojo, llamado así por estar totalmente levantado en piedra arenisca roja, tiene una muralla de 2 Km y 18 metros de altura. Se construyó entre 1638 y 1648. Buena parte del mismo (lamentablemente, dijo el guía) está ocupado actualmente por el Ejército Indio, y no es visitable por el turismo. Como en casi todos los centros turísticos que visitamos, se cobra entrada (en nuestro caso estaba todo incluido) y hay estrictas medidas de vigilancia.

Aquí está Haydée Sena, mi esposa, mostrando su bolso a las soldadas. Después, todo es grandioso. Entramos por la puerta de Lahore, la principal.

La construcción está rodeada por un profundo foso, en el que en la antigüedad no sólo había agua sino también cocodrilos. En realidad, estos edificios se llaman “fuerte” porque cumplían la misión de defensa, pero eran ciudadelas ostentosas y lujosas, palacios que corresponden a lo que uno se imagina como Las Mil y Una Noches. En general, el cuidado y el mantenimiento es perfecto, y algunas áreas se utilizan para espectáculos, como pude advertirse en la foto.

Obsérvese también la inmensa cantidad de palomas presentes en el techo. Todos estos palacios de los maharajás o reyes tenían un área llamada “sala de audiencias”, amplios cobertizos abiertos que se cerraban con cortinados (mojados permanentemente cuando hacía mucho calor, para refrescar el interior), y donde se ubicaba el Maharaja (pronúnciese “majaraya”; y, a pesar de que Word lo corrige con acento final, en India se pronuncia sin acento) El Maharaja se ubicaba en un trono como este:

El tejido del frente es para impedir saqueos, obviamente. Está hecho de mármol con incrustaciones de piedras preciosas, técnica que (ya veremos) tiene su punto alto en el Taj Mahal) A los costados y bajo el techo se ubicaban los funcionarios inferiores. El pueblo llenaba libremente el patio enfrente y se acercaban a la “sala” para presentar sus pedidos, quejas, etc. Así, el dignatario tenía contacto directo con sus súbitos. Aprovechemos para observar la vestimenta común de los tres muchachos, obviamente occidental. Nosotros vestíamos para esa ocasión bombacha criolla y alpargatas, lo que llamaba la atención. Otra constante es la botellita con agua, profusa y constantemente utilizada por todo el mundo. Y nadie se toma el trabajo de rellenarlas: es otra fantasía de Slum Dog Millionaire.

En todos los palacios que vimos hay profusión de tallado en piedra. Yo decía que, así como ahora el Estado proporciona trabajo haciendo represas, caminos u otras obras públicas, en la época de construcción de esos palacios se ocupaban miles de personas en la labor artística que recubre esas edificaciones. Que si bien eran privadas, eran una especie de propiedad compartida entre el Maharaja y sus súbditos, puesto que uno no podía subsistir sin el otro. Y, sin duda, un valor artístico proveniente masivamente del pueblo indio, anónimo y multitudinario.

Como este detalle de una pared del Fuerte, hecho en plata. Un simple detalle en una profusión barroca de puesta en valor de muros por medio del arte.

Continuará…


martes, 3 de noviembre de 2009

INDIA 2009 (1)











1- Gente, costumbres, impresiones

En primer lugar, permítaseme un chivo.

Mi agente de viajes, Juan José Montaña (Worldview Tours en India) no sólo ha cumplido con creces lo que prometió, sino que fue felicitado por otros operadores en la India y objeto de envidia por parte de otros turistas no tan conformes: http://www.jjmontana.com.ar

Suelo proponerle a mis alumnos (en realidad, soy bibliotecario) un ejercicio: extender el pulgar y el índice de cada mano en ángulo recto y unirlos formando un espacio rectangular. Luego le pido que miren por ese hueco. Que miren lo que los rodea. Comprenderán enseguida qué escasa, fragmentada, e incompleta es la realidad que observan a través de ese hueco. Que, claro, tiene la forma de una pantalla. La pantalla que muchos creen (también yo, ya verán) que “refleja” la realidad. Es un ejercicio claro y sencillo, y sumamente gráfico. Eso me pasó a mi viaje a la India, entre el 4 y el 17 de septiembre. Casi nada de lo que había visto en la pantalla, casi nada de lo que había leído en libros, notas y artículos, aún en guías de viaje, resultó cierto. El primer impacto fue descubrir que la India y Nepal son países modernos. Con autopistas, celulares, automóviles nuevos, gente informada, culta. Esperaba muchos pobres. De hecho, todos me preguntan inmediatamente “¿muchos pobres?”. Y sí, hay muchos pobres. Pero, diríase, es una clase especial de pobreza. No hay gente gorda (de hecho, creo que en nuestra gordura junto con el cutis blanco llamaba la atención: varios indios pidieron sacarse fotos con nosotros), y las comidas son muy frugales. Además, muchísimos indios son vegetarianos. Hemos visto villas miseria a lo largo de la ruta, hemos visto aún grupos humanos en carpas (que les provee el gobierno, nos dijeron) Había mendigos que golpeaban los vidrios del auto (más allá de los miles de vendedores de baratijas). Pero no era esa indigencia diría que culposa, gimoteante, de los mendigos de Buenos Aires. No es el hambre lacerante de quien está acostumbrado a dietas altas en proteínas, como en nuestro país. Allá la pobreza es como estructural, viene de siglos, de milenios. Hay gente que tiene poco para comer. Y se acomoda a ello. El pedir es algo aceptado, el esperar una propina o una limosna algo natural. En Nepal me siguió una niña, Latika, con su hermanito atado a la espalda. Pedía limosna, pero algo le causaba una gracia incontenible y la mayor parte del tiempo lo pasó riéndose. Su risa me conquistó. No es totalmente resignación. Es algo más profundo, que hace a su religión, a un profundo arraigo del hinduismo y sus cuatro millones de dioses. Es ver la vida de un modo circular (hoy hombre, mañana buey, luego serpiente, otra vez hombre, y la rueda gira siempre, gira; hasta que las buenas obras y la mucha oración lo sacan de la rueda, entra al ansiado Nirvana) En Occidente nuestro sentido de la vida es lineal: es un hilo tendido entre el día que dejamos el útero hasta el día que descendemos a la tierra. Las creencias en vidas posteriores no sólo están descalificadas, sino que siempre han tenido un sentido autoritario: “alguien” decide si uno va al Cielo o al Infierno. Allá la maldad se paga en otra vida, pero aquí, en la tierra; la bondad se premia en otra vida aquí mismo, elevándose en el nivel humano. Lo más notable que observé en la población de la India es su filosofía de vida. Quizás incorporación inconsciente de los siglos, milenios, manteniendo una creencia religiosa. No hay gente enojada, no hay gente estresada, nadie insulta, nadie putea. Y esto, teniendo en cuenta el caos fenomenal que es el tránsito, es digno de destacar. El tránsito es algo aparte. Y creo que tiene algo que ver con una libertad individual profunda que descubrí en la gente de la India. Cada persona parece haber encontrado el lugar que le corresponde en la sociedad, y aplica a las normas de acuerdo a ese lugar que tiene en la sociedad. Los coches circulan por la izquierda, pero ninguno tiene empacho en invadir la derecha para adelantarse, para cruzar, siempre que toque bocina, bocina, bocina. La falta de respeto a las normas incluye hasta ¡15! personas sobre un taxi triciclo y llamado en la India “ moto-rickshaw” y en Nepal “ tuk tuk”. O, de pronto, avanzar ¡de contramano! por una autopista. El sistema de castas sigue existiendo. Un viaje en rickshaw (triciclos a sangre: ya no hay corredores llevando las varas) por los callejones de la Delhi antigua, es una experiencia religiosa. La pesadilla de un taxista en medio de un piquete. Se toca bocina, mucha, los camiones dicen atrás “toque bocina”. Pero hay muy pocos accidentes. Nadie grita porque una moto se mete delante, se cruza, sale de su mano. En Jaipur tuvimos un guía que pertenecía a la casta más elevada, la de los sacerdotes. Pero la Presidenta de la República pertenece a la casta más baja, la de los parias. Nos mostraron las universidades (que no son gratis, pero muy “económicas”) Existen exámenes de ingreso a muy rigurosos. Excepto para los miembros de la clase de la casta más baja. El comercio y la explotación de la tierra se hacen de manera individual. Es evidente la falta de grandes centros de comercialización, de empresas productoras y/o distribuidoras. Sí hay multinacionales: Pepsi y Coca Cola, y McDonald. Pero en los McDonalds también comen (algunos de determinada provincia) con la mano (derecha). Los negocios consisten en millones de puertas abiertas a la calle. Al contrario de occidente, las transacciones minoristas no se realizan dentro de un edificio, sino abiertas a la vereda (si la hay). Porque se confunde la calzada con la vereda, constantemente, y hay calles muy estrechas. La explotación agrícola es primitiva. No hay maquinaria, excepto tractores. Y la cría de ganado es también individual. Las vacas sagradas tienen dueño, que las cobija de noche y las ordeña de mañana. El resto del día lo pasan en la calle procurándose comida donde pueden. Lo mismo pasa, sin embargo, con otros animales no sagrados: hay cabras, burros, búfalos, circulando por las calles, carreteras, autopistas. En la zona de Rajasthán se utiliza el camello, como animal de tiro, y algunos elefantes. Aunque, nos decían, el problema de los elefantes es el alto costo de su manutención. Las carreteras tienen peaje, y, como en la Argentina, las que no lo tienen están en estado entre regular y desastroso. Hicimos 500 kilómetros en automóvil. En automóviles nuevos, japoneses, con aire acondicionado. Nuestro grupo era sólo de dos personas. A veces, me daba la impresión de estar viviendo dentro de una película, porque las cosas pasaban del lado de afuera del auto, y no sentía ni el olor, ni el calor que nos apabullaba cada vez que descendíamos. En Nepal también tuvimos otra sorpresa. Resultó un país más “civilizado” (mi hija me dijo: ‘no “civilizado”, sino “globalizado”’) Las mujeres no sólo visten sari, obligatorio en la India, sino vestimenta occidental. Hay veredas, y los comercios atienden en el interior. Pero, claro, saliendo de la ciudad de Katmandú las costumbres vuelven a parecerse a las de la India, las negocios similares a ese país, etcétera. Esto da una pauta del avance de esa globalización que sin duda va avanzando y que terminará modificando a estos países, en los próximos años (o en los próximos siglos)

video

lunes, 25 de mayo de 2009

TEATRO

(No premiado)
El pasado 12 de mayo de 2009 Metrovías y Argentores entregaron los premios de su Concurso de Monólogos Teatrales, en el que yo había intervenido. Hubo tres premios y 20 menciones especiales. Ninguna correspondió a mi monólogo, que es el que sigue, y pongo a disposición de quien quiera interpretarlo.
Gracias a todos.

MÚSICA TEMÁTICA

Jorge Claudio Morhain ©

(Silla de respaldo alto junto a una mesa. Vasos, botella que puede ser de whisky –sin marca–, pava y mate, un plato hondo de lata con comida y una cuchara, un pan. Un armario miserable o perchero con ropas, donde hay un equipo de “elegante sport” antiguo, de persona acomodada; una cama real o simbólica, muy pobre; sobre la cama, sin que se vea, un traje de presidiario como los de Ushuaia)

(Juan, hombre mayor, de más de sesenta años, sentado. Está en calzoncillos, musculosa, medias y alpargatas en chancleta. Como si se hubiera levantado recién de la cama. Está algo abatido, y le molesta la música)

(Música de cumbia, con bajos muy reforzados)

JUAN.- (voz normal) ¡Hijos de mil puta!... Siguen y siguen. Y siguen y siguen. Pero ya se les va a acabar. Ya se les va a acabar, negros roñosos hijos de mil putas!... ¡¡Terminenlá...!! (con voz forzada, algo de falsete, no muy fuerte) ¿Qué carajo es esa voz, Juancito? ¿Te olvidaste de todo, ya te olvidaste de todo? A ver, a ver la voz, Juancito... (hace ejercicios respiratorios, infla el pecho y el estómago y grita MUY fuerte) ¡¡¡TERMINENLÁ!!!...

(Se apaga la música. Silencio)

(Juan se queda inmóvil. Cierra los ojos. Intenta que el recuerdo no llegue a su mente)

JUAN.- Paren la música. Paren la música. Es una cumbia moderna de esas que hablan de chorros y drogadictos que es lo que queríamos evitar pero que ahora están aquí no es la misma vieja cumbia que poníamos tan fuerte tan fuerte que te reventaba y no te dejaba pensar en... (se va deteniendo, para evitar el aluvión de recuerdos; mira alrededor buscando otro tema, lo descubre) El mar, el mar cuando camino por la playa Mar del Plata las minitas las tanguitas los... los cuerpos desnudos y esa música esas cumbias a todo lo que da, y... (molesto, se pasea; no quiere que lo invadan los recuerdos) No, la noche, no, la luna, un postre, sí, tengo que comer un postre. Vino. La copa. La copa del olvido..... ¡¡PAREN LA MÚSICA!! (otra vez con voz muy fuerte)

(Hace ejercicios respiratorios, infla el pecho, hace flexiones. Marcha, en modo militar, a lo largo del escenario, varias vueltas.)

JUAN.- Basta. (Va hacia el armario y se viste de “elegante sport”. Cambia su actitud, como la de un importante ejecutivo o militar retirado. Va hacia la mesa, se sirve un whisky. Se sienta, como si lo invitaran. Brinda hacia el público y bebe circunspectamente)

JUAN.- Chivas. Buen whisky. Como el de antes. Antes éramos pocos los que lo conseguíamos. Después lo consumía cualquier pelandrún. Buena táctica. Los boludos se creían millonarios. Viajaban a Miami, traían porquerías, y chupaban Chivas. Ahora se consigue un poco más que antes. Y muchos de esos boludos son millonarios. Pero no dejan de ser boludos. Pagan el Chivas por lo que no vale. (Contempla el vaso, mientras lo revuelve) El Chivas a través de la historia... Había que tomar Chivas para aguantar los gritos y la forma como lloraban esos hijos de puta. Había que ser más fuerte y gritar más que ellos y chupar... (Música de cumbia, más que nada el retumbo de los bajos) ¡¡PAREN ESA MÚSICA!! (Silencio) Hijos de puta... Negros patas sucias... Porque es así. Creímos haber acabado con las plagas, las fumigamos, les echamos flit (intenta reír por lo bajo) Como fumigadores hicimos un buen trabajo, hay que reconocerlo (intenta reír por lo bajo) Pero o fuimos débiles y se nos escaparon algunas chinches, o se volvieron resistentes al DDT (intenta reír por lo bajo) Por suerte después de los primeros intentos de dar vuelta el plato de papas fritas... (silencio; cambia de tema nuevamente) ¡Papas fritas! ¡Cuánto hace que no como papas fritas, la mierda! ¡Un buen plato de papas fritas crocante, sequitas, con cerveza...! (grita con la voz fuerte) ¡¡QUIERO CERVEZA!!

(Espera que le contesten. Nadie lo hace. Vuelve a caminar como soldado. Se sienta de nuevo. Bebe)

JUAN.- Eso era, eso era. El segundo método. Ese era un método, carajo, lo hicimos bien con el Tío Patilludo. Plata. Coima. Plata, plata. Todo baratito. Todo bueno, más bueno que lo que merecían esos judíos de mierda. Tomates de Italia. Pollos de Virginia. Tabaco turco. Y whisky. El mejor whisky. A monedas, porque el dólar para nosotros era moneda barata. ¡Cómo se aplacaron los boludos! “Yo la pasé bien, (imita) fui dos veces a Miami”... ¡boludos! Eso había que darles: bosta en palito. Helados de caca, pero importados. Los negros tenían que tener todo barato, nada que reclamar, nada de fábrica ni trabajo pesado. Viva yo y que me cojan a mi hermana, basta que yo pueda viajar a Miami... Había que haber seguido así un par de generaciones, veinte años en lugar de diez, y estábamos hecho. No quedaba ninguno. Ninguno de los que volvieron... (Silencio. Lo piensa, siempre con la copa en la mano. Camina) ¿Cómo volvieron? ¿Cómo, me cago en Jesucristo? (se santigua)

(Comienza a desvestirse. Cada tanto se saca una prenda, que arroja lejos)

JUAN.- Al principio creímos que era parte el plan maestro... (lo piensa) A lo mejor lo era, a lo mejor lo sigue siendo, mierda, y nada más que nosotros no entramos en él... (bebe el whisky que queda de un trago, deja el vaso en la mesa con un golpe; cambia de conversación) Eso nos pasa por usar planes de afuera para las cosas de adentro. Te usan, y te dejan abandonado. ¿Para eso nos sacrificamos tanto?

(Se va sacando la ropa frenéticamente, y va elevando la voz)

JUAN.- ¡¿Para eso dimos la vida?! ¿¡Para que el tiempo nos derrotara, y todos volvieran, hasta los muertos vivos?! ¿¡Por qué nos dejaron solos?! ¿¡Por qué no nos enseñaron cómo ser derrotados?! ¡¡Hijos de mil putas, ¿por qué nunca dan la cara?!!

(Termina de sacarse todo, vuelve a estar en calzoncillos y musculosa, marcha militarmente por el escenario)

JUAN.- Claro. Carne de cañón. Soldados. Instrumentos. De algo superior. Es el mandato de Dios Nuestro Señor. Eso nos dijeron, eso creímos, eso creemos, por eso rezamos (se santigua)... En última, en última, en última instancia, el Plan Superior es de Dios Nuestro Señor... Sí, si uno lo repite y lo repite se lo banca finalmente, y es capaz...

(La música fuerte de cumbia. Corre a la cama. Toma un traje de presidiario a rayas, se lo va poniendo)

JUAN.- ¡¡LA MÚSICA!! ¡¡LA MÚSICA!!...

(En el medio dgel escenario, firme, con traje de presidiario del tipo de Ushuaia)

JUAN.- La música... que poníamos para torturar... y para MATAR...

(Se queda inmóvil. Luego se santigua y se persigna. Se sienta a la mesa, reza frente al plato, y luego come, mientras la luz se va atenuando y aparecen en el fondo, por la iluminación, un dibujo de rejas)






domingo, 10 de mayo de 2009

Folletín

ROCÍO Y EVARISTO

Folletín de Jorge Claudio Morhain ®

CAPÍTULO DOS: CONFESIONES

 

Evaristo le compró un café con leche con medialunas. Tres. Seis. Nueve. Rocío tenía un hambre de mañanita de campo, de noche húmeda y tierra blanda. Es decir, de rocío de tamberito que sale a juntar las vacas para el ordeñe.

Evaristo la miraba como se mira a las estampitas brillantes cuando uno les pide un deseo imposible, sabiendo que es imposible pero que a alguien hay que contárselo.

–¿Qué me mirás?

–Sos muy linda –atinó a decir Evaristo. Y a ella se le quedó media medialuna en la boca. Hipó, dos o tres veces. Y se tragó la medialuna, apresurada, y la empujó con un trago largo de café con leche. Y tosió. Y comenzó a llorar con congoja, suavecito y silenciosamente, como si no fuera a parar nunca. –Pero no te pongas así. Si es cierto, zonza…

Para qué. La piba lloró más, y más. Y a Evaristo lo empezaron a preocupar las miradas obtusas y esdrújulas que rebotaban en los carteles bastos.

– Basta, che. No llores más, eh… (ahí advirtió Evaristo que todavía no sabía que ella se llamaba Rocío) ¿Cómo te llamás, linda?

Parece que el “linda” le provocó mucho más llanto y desconsuelo. Evaristo tuvo que sacar su pañuelo blanco con bordes marrones y dárselo para que ella se suene una y otra aparatosa vez.

– ¿Por qué? – dijo ella. –¿Vos cómo te llamás?

– Evaristo. Evaristo Rodríguez, servidor.

– ¿E…Evaristo? –el nombre le causó algún tipo de gracia que, mezclado al llanto y al hipo formaron una expresión única, e inédita e irrecuperable de sus sentimientos. – Como el Evaristo Meneses de Solano López… Si te morfás unos cuantos Macdonalds serías igual igual, che…

Se acordó del llanto, y reinició la congoja. Entre sorbetes y mocos alcanzó a decir “Rocío, me llamo Rocío Sebastiani… y no es… un gusto…”

Evaristo optó por dejar un veinte que debía cubrir el gasto y la propina y la alzó cuidadosamente de la silla, tanto como para que no diera la impresión de que era un paquete o que estaba flipada, cosa que parecía estar sospechando el uniformado que bebía una coca en la barra.

– Vení, vamos al baño, a que te laves la cara…

Pero no hubo forma de que entrase al baño… sola.

– No entro si vos no venís conmigo, Evaristo.

– Pero es el baño de mujeres, Rocío.

– ¿Tenés miedo que se te contagie y te vuelvas puto?

Entraron. Ella se sentó en el inodoro, y le contó toda la historia a Evaristo. La historia del turista que hablaba en inglés y que le forzó la boca una y otra vez, como un semental inagotable. Rocío hipaba y la angustia le reventaba el pecho. Evaristo no pudo hacer otra cosa que apoyar su cabeza en su cuerpo, para tratar de calmarla. De repente, sintió que la cabeza de Rocío bajaba. Oyó un ríspido sonido de cierre, y enseguida…

Le apartó la cabeza.

–Creí que no eras una puta.

–No lo soy, Evaristo. Pero quiero sacarme el gusto de ese tipo, con un gusto sano, como el tuyo…

Cuando salieron a la calle, Rocío se había calmado y, con la cara lavada, parecía una jovencita rozagante.

–Te voy a llevar a tu casa –dijo Evaristo.

– No tengo casa.

–¿Vivís en la calle?

– No, en lo de mi tía. Mi tía Rosaura.

– Vamos, Te llevo a lo de tu tía Rosaura.

–No.

–¿Por qué no?

– Porque cuando salí, esta noche, estaba muerta…

 

Continuará…

 

sábado, 25 de abril de 2009

FOLLETÍN

Comienzo aquí un folletín. A ver en qué termina.


ROCÍO Y EVARISTO

Folletín de Jorge Claudio Morhain ®

CAPÍTULO UNO: Breve encuentro

Rocío.

Su nombre era Rocío.

No significaba nada, en una época donde las Rocíos y las Abriles han desplazado a las Martas y a las Juanas. Pero ella era todo Rocío. Todo ese misterio de frío y calidez, de brillo  y languidez, de transitoriedad y permanencia, de dolor y de dicha. Eso era Rocío. Al menos, lo era para un hombre enamorado.

De Rocío.

Evaristo estaba enamorado de Rocío. Evaristo había llegado desde el pasado. “Soy un viajero del tiempo”, decía. “Vengo navegando por este mundo desde la primera mitad del siglo XX”. Y, por la forma como vestía, uno podía pensar que venía desde los años ’20. O sea, podía pensar que estaba llegando al siglo de vida. Y, evidentemente no era así. A menos que lo que digo Magacha, la pai, fuera cierto. Que era un muerto-vivo, un sobreviviente, un transador. Es decir, alguien que había hecho un pacto con Él. Con el Innombrable. El Malo.

Evaristo se había metejoneado fulero con la Rocío, nada menos que a la salida de la bailanta. No era que él fuera a la bailanta odorífera y estridente de Constitución, sino que solía caminar la cuadra para llegar a su casa, y era bueno ver a alguna de esas muchachas secando su sudor por entre los mínimos lujos que vestían.

Tampoco Rocío frecuentaba la bailanta. Ella no bailaba. Al menos, no bailaba cumbia. Y menos la noche de 23 de febrero, cuando Evaristo la encontró, o mejor dicho cuando se cruzaron en la puerta de la bailanta de Constitución.

Rocío venía de ser violada, reiteradamente, por un extranjero que la había contratado para bailar el tango, en la calle Perú. A fuerza de dólares, el individuo la había metido en su enorme auto alquilado y le había dado de beber profusamente. De su pene. Y de prepo. En su borrachera, le hablaba en tai. El míster creía estar aún en Tailandia, comprando a menores para su sexo enfermo.

El único consuelo para Rocío era que el míster estaría a esta hora volando rumbo a su país y que jamás volvería a verlo. Era posible que intentara buscarla. Pero en Kuala Lumpur.

Así, más rocío que nunca, con el rímel haciéndola una niña dark, el pelo amontonado por los tirones volviéndola punk, la pollerita rota como si fuese una moda, la encontró Evaristo. Se cruzaron, o sea. Evaristo estaba levantándose las solapas de su Príncipe de Gales cuando ella entró en foco. Y cuando salieron dos engominados pendejos de la bailanta, pegándose uno a otro como en un dibujo de Tom y Jerry, y atropellando a la muchacha, y obligando a Evaristo a empujarlos a un costado para evitar que la tiren al suelo. Los pibes se pararon en seco y se le fueron encima. Pero qué vamos a hacer, esa pinta de Evaristo Meneses, del Evaristo de Solano López (aunque más flaco) pegaba a morir con un cana de los servicios, y eso bastó para licuar las ansias de pelea de los cumbieros que, abrazaditos como dos gays, volvieron a la bailante. Donde, mirando de reojo por si Evaristo era un controlador de la taquería, o un recaudador con hambre, o u dealer de alto vuelo, los patovicas los dejaron entrar, calladitos.

Rocío, desconcertada, sin saber si lo que se movía era el autazo del yanqui o la calle, vino a dar en los brazos de Evaristo. Quien, haciendo honor a su pinta de Carlos Estrada en blanco y negro, la transportó cuidadosamente al Bar del Tren Mixto, preñado de olor a café con leche, y se quedó mirándola, bobo de tanta ternura.

Mientras Rocío lloraba. Lágrimas blancas y transparentes, de rocío del barrio de Constitución.


(continúa...)

 

 

Esta es la segunda parte.
(ver abajola primera)
















EL CHAVO DEL OCHO


















Antes que nada, aclaremos: los personajes de La Vecindad del Ocho y los dibujos son propiedad de sus respectivos auores.

Esto es algo especial: uno de mis primeros episodios del Chavo de Bolaños, magistralmente ilustrado por Saavedra. Para ustedes.

miércoles, 1 de abril de 2009

MALVINAS - Historieta

DURANTE la guerra de 1982 hicimos, con mi hermano Mario, la historieta "2 de abril", que se publicó DURANTE LA GUERRA en el diario El Litoral, de Santa Fe. En la historia contemporánea, llegamos al izamiento de la bandera luego de la toma de las islas. En el racconto histórico, hasta el gaucho Rivero.
Por esos días trabajaba en Editorial Perfil, y Carlos "Cacho" Andaló, directivo que llevaba entre otras publicaciones la memorable "Tal Cual", me pidió el guión para una historieta sobre un piloto de Mirage, que debía llamarse "Cacho García". Escribí dos guiones, pero no se publicaron. Porque perdimos la guerra.
Este es el primero, una curiosidad.
Ah, "Bistro" fue un recuerdo de un compañero y amigo de la colimba, Bistrowicz. Lo saludo desde aquí.

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Cacho García, piloto de Mirage 1
Caza x fragata
Guión de Jorge Claudio Morhain
20 cuadros


1-
(CUATRO CUADROS PEQUEÑOS, MOSTRANDO LA TURBINA DEL MIRAGE DE CACHO, EL “PAJARITO”, EN EL MOMENTO EN QUE PARTE:
1A: EN PRIMER PLANO, MUCHO FUEGO
1B; ALEJÁNDOSE POR LA PISTA
1C: MISMO ENFOQUE, ELEVÁNDOSE, ENTRANDO "EN CÁMARA" TRES MIRAGES MÁS
1D: MISMO ENFOQUE, SUBE, LO SIGUEN LOS OTROS MIRAGES
ONOMATOPEYA A LO LARGO DE LOS CUATRO: "BRRUUUUOOOUUUUIIIIMMMMM")

(BREGUET)
Domingo a Torre. Aquí Gavilán con cuatro.

(TORRE, DE OFF)
Gavilán, aquí Domingo. Operación confirmada, dirección prevista, rumbo Malvinas. Apréstese a silencio radial.

(GUIA)
QSL Domingo Torre. Reinicio BLU en radio Malvinas. Fuera.

(TORRE EN OFF)
Fuera. Suerte y viva la Patria.


3-
(TEXTO)
Ahora todos saben qué hacer. Cacho ve a Bistro, a su lado, bambolear ligeramente las alas. Es su despedida.

(CACHO)
(¡Toda la suerte tuya, varón!)

(CACHO LEVANTA EL PULGAR. EL PAJARITO Y EL DE BISTRO SON LOS AVIONES TRASEROS. DELANTE VAN EL GUÍA Y EL NUMERAL)


4-
(CACHO)
(Dicen que tenemos que cuidamos de los pájaros... Nadie dijo nada de los pescados que saltan...)

(DE ADELANTE, VOLANDO A METRO Y MEDIO DEL AGUA, OLAS. SE DISPERSAN)


5-
(TEXTO)
Una infinidad de azul adelante, que se pondría monótona si no fuera por la velocidad. A 1.200 por hora es como correr sobre una pista azul con un ancho de locos.

(RADIO EN CABINA PAJARITO)
Atenta torre Malvinas. Aquí Gavilán con cuatro. Atenta torre Malvinas.

(OTRO ENFOQUE DEL MIRAGE SOLO)


6-
(TEXTO)
Es la señal. El mayor Breguet, el guía, ha avistado las islas. Hay que reunirse. Ya eludieron los radares de le zona de bloqueo.

(RADIO)
Aquí Malvinas, Gavilán. Novedades en Bahía del Aceite, Repito: bandidos en Bahía del Aceite

(RADIO SEGUNDO GLOBO)
QSL torre. A ver, muchachos, qué tal estamos para la gambeta.


7-
(TEXTO)
"Gambeta". Quiere decir largarse a nadar, de nuevo, entre dos. Y venírseles de atrás.

(CACHO)
¡Bistro! ¿Cu-cu?

(BISTRO)
¡Cu-cu!

(BISTRO VIENE DETRÁS DE CACHO, ROZANDO EL AGUA, MAS ABAJO QUE ÉL)


8-
(TEXTO)
Una marquita de luz en el cristal frente al parabrisas.

(CACHO)
¿Lo viste, Bistro?

(RADIO)
Bandido avistado, Cacho. Y seguro que estamos en su reloj.
(INFERIOR) En su radar, eso quiere decir Bistro.

9-
(CACHO)
¡Conmigo, Bistro!

(BISTRO)
¿Dónde vas?

(CACHO VIRA HACIA LA IZQUIERDA. SE COMIENZAN A VER LAS ISLAS)


10-
(TEXTO)
Puente de mando. Fragata clase Amazon.

(CAPITÁN)
¿Salió el misil?

(OPERADOR)
No, sir. Los argies van hacia les islas, y los tapó la costa. Deben tenernos miedo...

(ONOMATOPEYA "¡BRUMMM! ¡BRRUMM!")


11-
(LOS DOS MIRAGES SUBEN POR LA ZONA DEL CABO CORRIENTES, COMO VINIENDO DEL AGUA, TREPANDO LOS CERROS. ABAJO SE ESPANTAN LOS PINGÜINOS. ONOMATOPEYA "BRRAAAAOUUUUM")


12-
(VUELAN RASANDO UNA ZONA DE PASTOREO, UN SOLDADO ARGENTINO JUNTO A UNA CASAMATA LEVANTA EL PULGAR)


13-
(PASAN JUNTO A UN ESTALLIDO EN EL SUELO. SE VE EL AGUA EN BAHÍA DEL ACEITE, Y LA FRAGATA QUE DISPARA)


14-
(CACHO ENCARA HACIA LA FRAGATA, VOLANDO A RAS DEL AGUA DESDE BISTRO QUE VIENE ATRÁS BAJANDO LA PENDIENTE HACIA EL AGUA)

(CACHO)
¡SÍ, SÍ, SÏ, CACHO! ¡¡SÍ!!


15-
(DETALLE; SALE UN MISIL MATRA)

(TEXTO)
Misil "Matra" aire-aire. No importa. Hay bastante calor en la cubierta, con tantos cañonazos, como para que el misil la confunda con un avión.


16-
(TEXTO)
Los cañones. 22 tiros por segundo. No son muchos segundos, claro...

(CACHO)
¡SÍ, CACHO!

(CACHO SE VA DERECHO CONTRA AL FLANCO DE LA FRAGATA)


17-
(OPERADOR)
¡Se... capitán! ¡Dos... Exocet...! ¡Vienen... por el agua! ¡Van...!

(CAPITÁN)
¡Dispárenleeee!

(EL INGLÉS OPERADOR DEL RADAR SE ATORA)


18-
(TEXTO)
Tirar de los mandos. Justo para saltar sobre la fragata. Al mismo tiempo, soltar las bombas...

(EL MIRAGE PASA RASANDO SOBRE LA CUBIERTA DEL BARCO, PÁNICO EN LA TRIPULACIÓN)


19-
(TEXTO)
Nada más. Virar en redondo, para ver qué pasa...

(CACHO)
(Ah...viene Bistro...)

(INFERIOR)
Bistro pegado a su cola. Si ha descargado algo, fue metralla.


20-
(TEXTO)
Y, enseguida...

(CACHO)
¡Ju, juuuu! ¡Eso pa’ que te eduquei, varón!

(INFERIOR)
Hora de volver a casa. Cacho García, cordobés, ha cumplido su misión.

(ESTALLAN LAS BOMBAS EN LA FRAGATA, LOS DOS MIRAGES VIRANDO LEJOS)
fin

MALVINAS - CUENTO

CONTRA EL VIENTO
por Jorge Claudio Morhain ©


-¿Por qué meás contra el viento, boludo?
No hay caso. El Ñato Gayola es boludo, nomás.
-Porque la meada está calentita, Sosa -me contesta.
-Sí, pero cuando se te enfría, tarado?
Gayola corrió desde la altura, donde había enarbolado su miembro en dirección a la Bahía de San Carlos, como desafiando a los ingleses con su meada. Es más, creo que meó contra el viento por eso, para desafiar a los gurkas.
Se metió de cabeza en la cueva de zorro, y el olor a su pis nos entretuvo un rato, a Chorizo y a mí. Los tres compartíamos en agujero inmundo que era nuestro hogar, nuestra vida, nuestra responsabilidad y nuestra pena. Lo habíamos adornado con muñequitos cortados de papel de diario, unos diarios que hablaban del Mundial y que nos importaban un carajo, por más que los superiores vinieran a gritamos que estamos ganando carajo igual que les estamos ganando nosotros a los ingleses maricones.
¿Para qué nos gritaban esas cosas, digo yo, para qué nos hacían repetirlas a los gritos? Si igual nos estábamos cagando de hambre y de frío, pero todos íbamos a poner el pecho y a pararlos a panzazos como Upa, aunque fuera. Porque una cosa eran los milicos hijos de puta que nos verdugueaban como si la culpa fuera nuestra, y otra eran esas islas, que eran nuestras, que son nuestras, que las vamos a aguantar como si estuviéramos al arco y se viniesen los once ingleses putos con once pelotas. El rancho tendría que haber pasado, ya. Pero no pasa.
Ya es de noche cuando Chorizo desenvuelve unos cachos del cordero del domingo, que tenemos guardados para estos casos. Tienen un poco de olor, y no son más que huesos y nervio casi. Pero hay que ver cómo calientan el bagre. Esta va a ser una noche tranquila.
Ahora, que el cielo se está reventando a pedazos y que hay sonido estereofonico de estallidos por todos lados, pienso por qué habré pensado que era una noche tranquila. Apenas cabeceamos la primer guardia, con el Ñato Gayola al frío, cuando empezó el ataque.
Y los gritos.
Y las órdenes.
Parece que los que vienen son los gurkas. Con sus cuchillos largos que cortan al revés, así, ¿ves?
Viene el grito, primer línea a las defensas.
Hay que salir del pozo, correr a las rocas que cierran la vista de la Bahía. Y ahí mismo, donde la meada del Ñato ya está seca, plantar los FAL y empezar a darle soga. Uno se entusiasma al final, de tanto ver escupir munición. Se hace la fantasía de que cada bala está matando un inglés hijo de puta y que...
Pasó como una cosa, ¿vieron, como un barrilete que tapara las explosiones, como una número cinco con efecto. Pero parece que era un obús, nunca habíamos visto uno en funcionamiento.
Pero lo cierto es que reventó las rocas por encima de nuestra cabeza y le dio al Chorizo. Le vi colgar el brazo bañado en sangre, y le grité al Ñato Gayola "un torniquete, un torniquete".
El Ñato trabajaba de enfermero en el continente, así que cazó rápido la orden y le salvó el brazo al Chorizo. Yo seguía prendido al FAL como si me diera de comer. De repente, hubo un silencio.
Pareció durar cinco años, y había mal olor así que creo que alguno tenía más miedo que otro.
Enseguida empezó una gritería de la san puta y empezaron a sonar tiros de arma corta, y vimos. Los vimos. Parecían tigres, parecían dragones, parecían yaguaretés, con los dientes brillantes y la piel moteada, saltando a grandes trancos, con las garras dsplegadas.
Los gurkas.
Por lo menos, eso es lo que yo vi. Y creo que los muchachos también lo vieron, porque fue un solo darse vuelta y rajar.
Rajar, hermano. Para donde se pudiera.
Nosotros matábamos sombras, muñequitos de kermese. Pero éstos venían contra nosotros, con sus cimitarras como las de Sandokán, y guay del que vacilara.
Corrimos.
Por lo menos hasta que un teniente nos cagó a pedos y tuvimos que damos vuelta y enfrentar al enemigo.
- Chorizo, Ñato, rajemos los tres juntos. Para el norte, -les dije, y la larga convivencia en el pozo de zorro nos había convertido casi en uno, y todos entendieron. Corrimos para el costado.
Y nos encontramos con tres ingleses. Tres rubios, abrigados como la gran siete. Tres a tres, hermano.
Es la nuestra, pensé, somos guapos.
Los tres pibes vacilaron, como si fueran a sacamos a bailar.
Y uno alzó su riñe, y lo mató al Chorizo. Lo mató, así, de una, lo mató adelante nuestro. El Ñato Gayola y yo alzamos las manos, tiramos las armas, nos rendimos ahí mismo. Los ingleses dijeron alguna cosa que no entendimos y se rieron. Y el Ñato Gayola se tiró encima del inglés que quiso tocarle la cara, y le pegaron un golpe al costado, y yo avancé un paso, pero me rascaron la panza con un cuchillo, y me tuve que quedar quieto. Entonces me entró una angustia, una desesperación, un llanto. Y, vieja, mire, lloré por usted, llamándola, todo el camino por el que me empujaron Y no sé, nunca más supe nada del Ñato Gayola, y no sé dónde habrán enterrado al Chorizo Cuello, pero yo lloré, vieja. Lloré tanto que un pibe inglés hasta me acarició el pelo, vea.
Y qué quiere. Yo era un soldado. Las Malvinas son argentinas.
Pero yo soy apenas un pendejo, vieja. Y un pendejo tiene derecho a llorar, cuando todo sale como la mierda.
¿No le parece, vieja?
¿Me oye, vieja?
¿Vieja...?

Cuento N° 608, escrito el 6 de abril de 2006

miércoles, 18 de marzo de 2009

HISTORIETA

Manuscritos Apócrifos de la Conquista

TURAY (1974) fue una notable revista, por muchas razones. Una de ellas es que fue la única Cooperativa de la Historieta que llegó a publicar cuatro números en aquellos años. Enrique Meier fue el cerebro tras la idea.
Para Turay (hermano de aventuras) creé el personaje "Manuscritos Apócrifos de la Conquista", con la idea de contar historias no contadas, mitos apenas documentados, hipótesis arriesgadas de la época de la Conquista Americana.
Sin embargo no eran historias completamente fantásticas. Se basaban en una extensa investigación de teorías de algunos historiadores y pruebas a medias, como las "runas escandinavas" del paraguay.
Llegué a publicar dos episodios, y quedaros dos o tres sin dibujarse.
En 2007 el amigo dibujante Felipe Ávila me pidió uno de esos guiones para ilustrarlo. De allí surgió esta historieta que sigue. Que está disponible,si alguien quiere publicarlo. Lo pongo aquí más que con autorización, por pedido expreso de Felipe.
(DOBLE CLICK PARA VER AMPLIACIÓN)




























































































































































































































































































































































domingo, 15 de marzo de 2009

OTRAS PRODUCCIONES



Desde la aparición de este blog, ha habido gente que se quejó, por no ser incluida en el mismo. "Este es un blog dedicado exclusivamente a mi vida profesional en la lietratura", les decía. Un blog exclusivo para mi producción.





"Nosotros también somos tu producción", dijeron.

Bueno, tienen razón.



Aquí el Staff, en la Navidad del 2007



COPRODUCTORA:





HAYDÉE EVA SENA, mi esposa. Es una prócer viviente de Máximo Paz.


De su imaginación, empuje y capacidad de reunir gente y delegar, surgieron la "Biblioteca Del Quijote" (Popular), hace más de 20 años, y la EscuelaEspecial N° 502, que en 2008 inauguró su edificio propio, importantísimo.


Tuvo una intervención fundamental en la creación de la Escuela Media N° 1"Alfonsina Storni".


Fue vicedirectora de la EPB N° 26 de Máximo Paz ybibliotecaria en la EEM N° 1.


También es Archivista Profesional.





STAFF:





CLAUDIO FERNANDO, mi hijo mayor.

Es Licenciado en Publicidad (cuando presente la tesis) de la Universidad del Salvador.


Profesor de inglés recibido en el Instituto Cambridge.


Pianista (con profesor particular).


Profesor de Comunicación y de Inglés.


Disk Jockey profesional. Socio de Rafael Sarmiento.


Tiene un programa de televisión en el cable de Cañuelas, "Música de los '80".








Su esposa, LUCÍA SORIA

Es vicedirectora de la Escuela Primaria Básica N°6, de Máximo Paz.








TOMÁS PABLO MORHAIN SORIA, Nieto N° 1

Está en el Primer Año del Último Año de la modalidad Polimodal (luego deja de existir la modalidad)

Fanático dela Play Station (Adicto)




CARLA JOSEFINA MORHAIN SORIA: Nieta N° 2

Estudia en segundo año de la EPB. Lee. lee. Lee. Lee... Y pinta y dibuja e inventa cosas y canciones.


Ambos nietos son sumamente creativos, y Josefina va a dar mucho que hablar: anoten.








AÍDA GISELA, la nena.


Es Decoradora de Interiores y Dibujante de Historietas de la Panamericana de Arte.


Artista plástica con preferencia por la escultura. Estudió en la Pirilidiano Pueyrredón, en la Manuel Belgrano y en la UBA.


Maestra Nacional de Plástica.


Ejerce como Profesora de Plástica.


Baila flamenco, y está por empezar la carrera de crítica de cine.








JORGE LUIS RODRIGO, el menor.


Es Creador Integral de Cine, egresado de la Escuela de Cine de Avellaneda.


Dibujante de Historietas de la Escuela de Garaycochea (con José Luis Salinas y Oswal).


Estudia piano (y toca muy bien, y teclados) y canto desde hace años (aveces). en el conservatorio Julián Aguirre, de Banfield.


Integra la Jazz Band de esa escuela.


Toca guitarra (autodidacta y perfeccionamiento conCacho Tirao)


Estudió trompeta (con Marcelo Rodríguez Gillespi), también toca flauta.


Es unsobresaliente cantante.


Y ahora estudia Corno Inglés.


Publicó cuentos infantiles en Billiken y La Revista de los Chicos de La Nación (La Urraca)


Es Stage Chief y secretario privado de Gillespi.

¿Qué tul?

Una disculpa

Antes que nada, pido disculpas a los seguidores de mi blog (¿los hay, aparte de Iris?)

Hace semanas que no posteo nada.

Es que estuve ocupado terminando un guión de largometraje. ya les contaré.


Abrazos y besos.

Ah, comunico. Gracias a un amigazo, figuro en Wikipedia.



sábado, 14 de febrero de 2009

Para los que ya leyeron todo, un nuevo cuento. Este lo hice el día 20 de enero de 2006, número 5 del proyecto 1Cxd (Un Cuento por Día) y en el catálogo general es el N° 543. Género: policial.

El Zurdo del Andén
por Jorge Claudio Morhain


Hacía calor. Un calor pegajoso y viscoso. Y en la comisaría hacía más calor que en ningún lado.
Siempre hacía calor, aún en pleno invierno, cuando teníamos algún caso evidente entre las manos y había una sospecha de que nos dejábamos estar.
Eso es lo que pasaba con el Zurdo del Andén. No sé si usted lo conoce, porque creo que ese nombre nunca trascendió al periodismo, o sea, nunca llegó a usted. Era un nombre interno, que no nos convenía que se divulgase: nadie debía saber que el cuello de las víctimas denunciaba que habían sido estrangulados con la mano izquierda.
Y ahí estaba yo, de consigna en lo peor de la tarde de calor, esperando el próximo crimen del Zurdo.
Fue entonces que el Zurdo del Andén (los primeros dos casos habían sido en un andén de Acasusso; los otros no, pero no importaba) cayó de un modo estúpido. Encontraron a un ciruja revolviendo el lugar del último hecho. Un ciruja, rotoso, mugriento. El cana de consigna casi lo saca carpiendo de una patada. Diga que pasaban unas viejas (en realidad iban especialmente, a ver el lugar donde encontraron a la última chiquita, para escandalizarse y decir que pasaron por casualidad) y tuvo que comportarse. Así que lo agarró del hombro, y cuando lo levantaba del suelo vio que en su mano tenía un cuchillo. El hombre lo tiró al piso y –recordando ¡al fin! su entrenamiento – le aplicó una llave que lo inmovilizó. De inmediato pidió ayuda por el handy. Las viejas, orgullosas espectadoras, estaban llamando a la televisión.
Conclusiones: 1) el cuchillito que tenía en la mano había estado enterrado junto al pocito donde había intentado ocultar el cadáver de la chiquilla; 2) el tipo era zurdo.
Así que con aire de triunfo y frescura de lo resuelto lo metieron en la comisaría.
Lo malo es que fue entonces cuando sonó mi celular.
La que estaba al otro lado era mi mujer, histérica, envuelta en llanto. Que la nena, mi nena, no había vuelto de la escuela, que vos sabés que cruza el andén de Acasusso, que la nena está muy linda, que fijate que las chicas que agarra el loco ese que andás persiguiendo... Ella me hace héroe, siempre. Piensa que “yo” estoy persiguiendo. Yo, que sólo soy un suboficial de cuarta.
– Calmate – le dije. – Ya lo agarramos.
Silencio en la línea.
– Pero... la nena no vuelve. ¿Cuándo lo agarraron?
– Recién. Hará quince minutos...
Nueva sesión de llanto.
– ¡La nena... la nena debió volver a casa hace dos horas!
Colgó.
La nena... debió volver hace dos horas...
El ciruja estaba en la oficina del jefe.
– ¿Qué pasa? –, me dijo el jefe, cuando entré hecho un nudo.
– Mi nena. Debió llegar a casa hace dos horas. Y tiene que pasar por el andén de Acasusso.
– A la mierda...
– ¿Qué le hiciste, hijo de puta? ¡¿Qué le hiciste?! –me descontrolé, qué quieren que le haga. Entre el Jefe y su ayudante tuvieron que separarme del ciruja, tuvieron que abrirme las manos que achicaban su cogote.
– ¡Calmate, carajo! ¡Así no vamos a conseguir nada! –dijo el Jefe.
El ciruja, el Manco del Andén, se rió por lo bajo, oblicuo, cagándose de risa de nosotros.
– ¡Se caga de risa de nosotros, Jefe! ¡Déjeme que lo mato!
– ¡Basta! ¡¡Basta!!
El Jefe se arrimó despacito al ciruja. Le dijo muy suavecito, como si fueran viejos amigos:
– ¿La mataste?
Rugí. El segundo me hizo una seña, y me choqué contra la pared de mi autocontrol.
El ciruja soltó la risita.
El Jefe le arrancó un diente de la piña. Le arrancó un diente, de veras, limpito.
Así y todo, con la boca llena de sangre, el ciruja volvió a reírse.
– ¿Cuándo viene el juez?
– Y, a la fecha que estamos, recién vuelve de la feria, calculo que no menos de cuatro horas, Jefe. ¿Lo paso?
– ¿Querés que te pasemos? ¿O preferís contarnos que pasó con la nena del sub? ¿O preferís decirnos si la tenés encerrada, si la tocaste, o si la...
– Está viva – dijo tan despacio que sólo más tarde me di cuenta que lo había dicho.
– ¡¿Qué?! –gritó el Jefe.
– Está viva –, dijo, y se rió, y se rió, y se rió, imparable, bajito, imparable.
El Jefe hizo un tornillo en su sien.
– Doble contra sencillo al inimputable.
– Se va a negar a decir nada, Jefe. Se hace el loco.
El Jefe resopló, como si le hubiera vuelto el asma.
– Mirá, sub –, me dijo. – Tenés cuatro horas, ni una más ni una menos. Llevateló. Por atrás. Que nadie se entere. Y que tengas suerte.
– Gracias, Jefe –dije.

Juro que esa risita me quedó pegada en el alma, y que me va a costar la vida sacármela.
Me costó una úlcera detenerme a tiempo, no matarlo, no retorcerlo como sospechaba que habría retorcido a mi niña.
Pero al final habló. Dejó de reírse.
– Está viva.
– Eso lo dijiste mil veces, hijo de puta. ¿Dónde está viva? ¿Dónde la tenés?
– Llevame.
Conduje en silencio, hasta la estación Acasusso. Sí, el tipo era el Manco del Andén. Del andén de Acasusso. Caminamos. No sabía que había tantas casas cerradas, ni tantos rincones sucios.
Finalmente, frente a lo que había sido una pizzería, mal cerrada ahora con unas tablas, el ciruja, el ciruja volvió a reírse.
– ¡Basta de risa, mierda! ¡Basta! ¿De qué mierda te reís, boludo? ¡Entremos! ¡Vos adelante!
– No.
– ¿Cómo que no, carajo? –intenté empujarlo. Se movía con dificultad, por las esposas.
– No. Hay un amigo, ahí adentro. Y seguro está armado.
– Ajá. Así que tenés un cómplice. Mejor. Si no te puedo liquidar a vos me voy a dar el gusto con él. ¡Seguime!
Avancé por el hueco de unas tablas, con la reglamentaria en alto. Sentí como un crujido, y vi una luz muy grande, y luego nada.

¿Qué horas serían...? Por la luz, habían pasado una punta... Yo estaba en el suelo, entre una mugre de harina vieja, queso pegoteado y cucarachas. Y había una vocecita, cerca. Achiqué los ojos.
Era mi nena. Mi hija.
– ¿Estás bien?
– ¿Yo? ¡Claro! ¡Menos mal que el señor vino a avisarme, a la casa de mi amiga Julieta, que estabas acá. ¡Estabas durmiendo...! ¿Por qué estás acá, papi?
– ¿O sea que vos estabas en lo de tu amiga Clarita? ¿Y por qué no le avisaste a mami?
– Porque estamos preparando el regalo sorpresa para el día de la madre. ¿Por qué estás acá, papi?
– Y un señor te dijo que yo estaba acá, y te viniste a buscarme, sola. ¿Cómo era el señor?
– Ay, papi, es cerca. El señor... era bajito, pelo largo, ropa muy sucia. Parecía un poco lastimado, y se reía, se reía...
Se reía. El hijo de puta se reía.
– Papi... ¿por qué tenés puestas tus esposas enganchadas a ese caño?




(Que lo disfruten y comenten)

jueves, 5 de febrero de 2009

GUIÓN PARA HISTORIETA

Este guioncito extraño salió directamente de unsueño. Un sueño dibujado al estilo Moebius, hay que decir.

La Machine du Temp

Guión de Jorge Claudio Morhain


1-
(El hombrecito, pelado, con guardapolvos, está subido a una escalera de caracol que termina en el techo de ámbito amplio, cerrando una escotilla. Por la escotilla puede entrar el sol. La sala está llena de máquinas al estilo retrofuturista, y encima hay un gran cartel con el título de la historia)

2.-
(El hombrecito baja una palanca o aprieta un botón en la máquina)

3.-
(Exterior, pero sin escenario. Una mujer habla a cámara, mientras cae un par de copos de nieve)
(Mujer)
Non, m’sieur, non...

4.-
(Exterior: se suma una o dos personas más, mientras la nieve cae copiosamente tapando las figuras y los textos)
(Mujer)
S’il vous plait, m’sieur, non.

5.-
(Idem, cada vez más nieve. Aplasta a la gente, como si pesara muchísimo)
(Mujer)
Arrète vous, je demande. Arrète…

6.-
(La nieve ha tapado a la gente y sigue cayendo, algún miembro aplastado)

7.-
(Cuadro grande. El hombrecito ha salido al exterior por la claraboya –se ve luz rojiza abajo– y limpia un cartelito de hierro en el extremo de una aguja sobre el techo. El paisaje está totalmente cubierto por la nieve)

8.-
(Gran detalle del cartelito que limpia el hombrecito. Dice FIN)

lunes, 2 de febrero de 2009

CUENTOS
Proyecto 1CxD

Cuento 1CxD 3, N° 542, escrito el 19 de enero de 2006
Cynitia y Barro

Barro.
Si es que se le podía llamar barro a aquello que cubría los pisos de los palacios entrevistos, los suelos de las montañas semejadas, los terrenos de los llanos inacabables, la superficie de las selvas sospechadas. Ni siquiera el ayudante de movilidad del traje, que compensaba las diferencias de gravedad y de irregularidades superficiales de marcha (como decía el manual) era capaz de suspender el cansancio que provocaba mover los pies por la masa a veces gelatinosa como semen humano, a veces pastosa como mierda de vaca, a veces aterronada como escorias ardientes de mina, a veces suelta y pegajosa como turba.
Y las continuas difracciones que provocaba la especial conformación de la atmósfera impedían saber si ahora estabas en el palacio, en la selva o en un mugroso burdel para cucarachas.
De vez en cuando, el geodetector parecía irritarse por algo, y pegaba unos aullidos espantosos. Creía haber encontrado a Cynitia. Pero terminé por no hacerme muchas esperanzas: había un metal, o una flor, o una esponja en aquel barro que hacía sonar el geodetector con la llamada de Cynitia. Encima eso.
Cynitia era mi compañera de viaje en aquel periplo extraño dictado por el azar. Hacía ya varios cuadrantes que se había decidido la exploración al azar. Según las leyes de Bonev, era más productivo que elaborar una programación que, de hecho, resultaba infinita, borgeana.
Así que se enviaban estas “pequeñas” naves con dos tripulantes: una pareja, siempre, porque si algo podía combatir el tedio del espacio era, sin duda, el sexo. Y en cuanto a pequeña, la nave era, a escala humana, gigantesca. Y bastante divertida, con sus emulaciones terrícolas. Pero todo esto no viene sino a evitar pensar en el barro, y si evito pensar en el barro evito pensar en Cynitia. Y eso, eso es imposible.
¡Cynitia!
Cynitia está aquí. La siento. La siento yo, aunque el geodetector se ha apagado. ¿Cómo mierda puede apagarse este aparato? ¡Es imposible! Pero ahí está, un pedazo de hierro mudo.
¿Pero qué importa? ¡Cynitia está aquí! Y el barro comienza a deslizarse, como la colcha de una cama cuando ya no hace frío, como el chocolate en la mesada de mármol, como la grasa ante el detergente.
Sin embargo, menos barro no significa más claridad. Las difracciones eran un poco más irisadas, un poco más rojizas. Pero uno seguía sin saber si estaba en un limbo, en una nube, o en el fondo de un pozo.
El perfume, el vaho pesado que rodeaba a Cynitia, especialmente cuando venía para el sexo, cuando sus feromonas brotaban ardientes. Cynitia estaba aquí. Y caliente. ¿Pero dónde?
Cynitia...
Algo se materializó, a mi derecha, aunque iba y venía. Parecía una construcción. Viva. O una cámara. ¡Una cámara léptica!
Giré lentamente rogando que no se desvaneciese en una difracción. Pero no. Estaba allí.
Y Cynitia en su interior.
“Vámonos”, le dije.
Y ella sonrió. Inclinando ligeramente la cabeza, mirándome desde la parte superior de sus ojos oscuros. Abrió los brazos, y la fina silistria de los campos de Marnia se deslizó de su piel. Como la colcha de una cama cuando ya no hace frío, como el chocolate en la mesada de mármol, como la miel sobre la plancha caliente.
Ah, hicimos el amor. La puta si hicimos el amor.
Lo malo es que la “pequeña” nave que orbitaba nuestras cabezas lo estaba registrando todo.
Y esa es la consecuencia de que hoy ese mundo ignoto, al que los Jefes tuvieron la deferencia de bautizar Cynitia en honor de mi amada compañera de viaje, sea hoy en día el burdel más fabuloso de la galaxia, el único lugar del espacio donde el amor es tan terriblemente intenso, el goce tan pleno, la emoción tan gigante.
Esa es a consecuencia de los millones de cámaras sépticas siempre ocupadas en la superficie dicroica, y las naves flotando en órbita, y nuestro nuevo destino, al que nos negamos, y nuestro despido de la fuerza exploratoria, y de nuestro pequeño negocio en el planeta Cynitia.
Porque, tanto ella como yo, tenemos una seguridad absoluta, que, claro, nadie quiere compartir porque cuando ese “alguien” baja al barro de la superficie las ganas y la seguridad de descargar su libido es tan grande que todo se olvida.
Cynitia y yo estamos seguros de que ese ardor sexual no es “consecuencia de la conjunción de difracciones con modificaciones atmosféricas y gravitacionales”, como dicen los folletos. Simplemente, “alguien” nos incita. “Alguien nos empuja a ese amor, loco amor desenfrenado.
¿Cómo para qué?
En la Tierra se los conoce como voyeurs...