jueves, 5 de febrero de 2009

GUIÓN PARA HISTORIETA

Este guioncito extraño salió directamente de unsueño. Un sueño dibujado al estilo Moebius, hay que decir.

La Machine du Temp

Guión de Jorge Claudio Morhain


1-
(El hombrecito, pelado, con guardapolvos, está subido a una escalera de caracol que termina en el techo de ámbito amplio, cerrando una escotilla. Por la escotilla puede entrar el sol. La sala está llena de máquinas al estilo retrofuturista, y encima hay un gran cartel con el título de la historia)

2.-
(El hombrecito baja una palanca o aprieta un botón en la máquina)

3.-
(Exterior, pero sin escenario. Una mujer habla a cámara, mientras cae un par de copos de nieve)
(Mujer)
Non, m’sieur, non...

4.-
(Exterior: se suma una o dos personas más, mientras la nieve cae copiosamente tapando las figuras y los textos)
(Mujer)
S’il vous plait, m’sieur, non.

5.-
(Idem, cada vez más nieve. Aplasta a la gente, como si pesara muchísimo)
(Mujer)
Arrète vous, je demande. Arrète…

6.-
(La nieve ha tapado a la gente y sigue cayendo, algún miembro aplastado)

7.-
(Cuadro grande. El hombrecito ha salido al exterior por la claraboya –se ve luz rojiza abajo– y limpia un cartelito de hierro en el extremo de una aguja sobre el techo. El paisaje está totalmente cubierto por la nieve)

8.-
(Gran detalle del cartelito que limpia el hombrecito. Dice FIN)

lunes, 2 de febrero de 2009

CUENTOS
Proyecto 1CxD

Cuento 1CxD 3, N° 542, escrito el 19 de enero de 2006
Cynitia y Barro

Barro.
Si es que se le podía llamar barro a aquello que cubría los pisos de los palacios entrevistos, los suelos de las montañas semejadas, los terrenos de los llanos inacabables, la superficie de las selvas sospechadas. Ni siquiera el ayudante de movilidad del traje, que compensaba las diferencias de gravedad y de irregularidades superficiales de marcha (como decía el manual) era capaz de suspender el cansancio que provocaba mover los pies por la masa a veces gelatinosa como semen humano, a veces pastosa como mierda de vaca, a veces aterronada como escorias ardientes de mina, a veces suelta y pegajosa como turba.
Y las continuas difracciones que provocaba la especial conformación de la atmósfera impedían saber si ahora estabas en el palacio, en la selva o en un mugroso burdel para cucarachas.
De vez en cuando, el geodetector parecía irritarse por algo, y pegaba unos aullidos espantosos. Creía haber encontrado a Cynitia. Pero terminé por no hacerme muchas esperanzas: había un metal, o una flor, o una esponja en aquel barro que hacía sonar el geodetector con la llamada de Cynitia. Encima eso.
Cynitia era mi compañera de viaje en aquel periplo extraño dictado por el azar. Hacía ya varios cuadrantes que se había decidido la exploración al azar. Según las leyes de Bonev, era más productivo que elaborar una programación que, de hecho, resultaba infinita, borgeana.
Así que se enviaban estas “pequeñas” naves con dos tripulantes: una pareja, siempre, porque si algo podía combatir el tedio del espacio era, sin duda, el sexo. Y en cuanto a pequeña, la nave era, a escala humana, gigantesca. Y bastante divertida, con sus emulaciones terrícolas. Pero todo esto no viene sino a evitar pensar en el barro, y si evito pensar en el barro evito pensar en Cynitia. Y eso, eso es imposible.
¡Cynitia!
Cynitia está aquí. La siento. La siento yo, aunque el geodetector se ha apagado. ¿Cómo mierda puede apagarse este aparato? ¡Es imposible! Pero ahí está, un pedazo de hierro mudo.
¿Pero qué importa? ¡Cynitia está aquí! Y el barro comienza a deslizarse, como la colcha de una cama cuando ya no hace frío, como el chocolate en la mesada de mármol, como la grasa ante el detergente.
Sin embargo, menos barro no significa más claridad. Las difracciones eran un poco más irisadas, un poco más rojizas. Pero uno seguía sin saber si estaba en un limbo, en una nube, o en el fondo de un pozo.
El perfume, el vaho pesado que rodeaba a Cynitia, especialmente cuando venía para el sexo, cuando sus feromonas brotaban ardientes. Cynitia estaba aquí. Y caliente. ¿Pero dónde?
Cynitia...
Algo se materializó, a mi derecha, aunque iba y venía. Parecía una construcción. Viva. O una cámara. ¡Una cámara léptica!
Giré lentamente rogando que no se desvaneciese en una difracción. Pero no. Estaba allí.
Y Cynitia en su interior.
“Vámonos”, le dije.
Y ella sonrió. Inclinando ligeramente la cabeza, mirándome desde la parte superior de sus ojos oscuros. Abrió los brazos, y la fina silistria de los campos de Marnia se deslizó de su piel. Como la colcha de una cama cuando ya no hace frío, como el chocolate en la mesada de mármol, como la miel sobre la plancha caliente.
Ah, hicimos el amor. La puta si hicimos el amor.
Lo malo es que la “pequeña” nave que orbitaba nuestras cabezas lo estaba registrando todo.
Y esa es la consecuencia de que hoy ese mundo ignoto, al que los Jefes tuvieron la deferencia de bautizar Cynitia en honor de mi amada compañera de viaje, sea hoy en día el burdel más fabuloso de la galaxia, el único lugar del espacio donde el amor es tan terriblemente intenso, el goce tan pleno, la emoción tan gigante.
Esa es a consecuencia de los millones de cámaras sépticas siempre ocupadas en la superficie dicroica, y las naves flotando en órbita, y nuestro nuevo destino, al que nos negamos, y nuestro despido de la fuerza exploratoria, y de nuestro pequeño negocio en el planeta Cynitia.
Porque, tanto ella como yo, tenemos una seguridad absoluta, que, claro, nadie quiere compartir porque cuando ese “alguien” baja al barro de la superficie las ganas y la seguridad de descargar su libido es tan grande que todo se olvida.
Cynitia y yo estamos seguros de que ese ardor sexual no es “consecuencia de la conjunción de difracciones con modificaciones atmosféricas y gravitacionales”, como dicen los folletos. Simplemente, “alguien” nos incita. “Alguien nos empuja a ese amor, loco amor desenfrenado.
¿Cómo para qué?
En la Tierra se los conoce como voyeurs...
PERIODISMO


Trabajé en Caras y Caretas, tercera etapa, en 1982. Un placer, puro. Miren qué staff:


Tanscribo: EDITOR: Rubén René Macchi
DIRECTOR: Carlos Alberto Descalzi
JEFE DE REDACCIÓN: Ricardo Hugo Propato
COLABORADORES: Roberto Cossa – Fermín Chávez – Bernardo Kordon – Geno Díaz – Miguel Grinberg – Miguel Gila – Ricardo Talesnik – Bourse Herrera – José María Jaunarena – Carlos Somigliana – Helvio Botana – Fasulo – Any Ventura – Alfredo Andrés – Eduardo Paredes – José Massaroli – Rep – Peni – Pablo Hernández – J. M. Heredia – Noemí Casset – Braxator – Canelo – María A. Guzmán – Roberto Mero – Lidia Lafón – Luis Ordóñez – Hildebrando – Huadi – Rody – Fadez – José Abramovich – Gambiny – Mercado – Meyer – Jorge Sergio – Carlos Albiac – Jorge Morhain – Eugenio Mandrini – Magallanes – Roberto Broullón – Mercedes Basco – Torre – Meiji – Escobar – Luis Frontera – Gaspar – Fasola – Martínez – Copi – Juan Sasturain – Gioia Fiorentino – Pablo Sirven – Alejandro Tarruela – Gebi Scheller – Amílcar Romero – Jorge R. Ainchil.



Codearse, tomar café, vino, pasar las horas con esta gente lo pulían a uno que reíte de un tallador de diamantes.



En el segundo número (2188 de la numeración correlativa) tuve mi propia tapa. La tapa, yluego el artículo:








































Existen muchas formas de orden, gobierno o sistema. Cada una con su nombre y definición.
El sistema de tortura que nos en­vuelve en papeles y nos rompe la pa­ciencia, por ejemplo, se llama BUROCRACIA. El sistema que separa a los hombres en dignos e indignos, en aptos e ineptos, se llama ARISTOCRACIA. El sistema donde gobiernan aquellos que más tienen, donde mandan los ricos, se llama PLUTOCRACIA. Cuando es uno solo quien gobierna con la suma de los poderes, es la AUTOCRACIA. Cuando los que gobiernan son muchos, todo un país, a través de políticos que les dicen lo que deben hacer, eligiendo representantes que casi siempre son ricos y se creen los más aptos, los que gobiernan a través de infinitos papeles y al fin y al cabo hacen la voluntad de uno... en fin, algo así es el más perfecto de los imperfectos sistemas de gobierno: la DEMOCRACIA.
Todo viene porque la palabra griega "krateia" quiere decir gobierno, y así es un tractor al que uno le puede agregar otra raíz y forma un sistema de gobierno, orden o control, bastante novedoso.
¿Qué pasa, por ejemplo, cuando los ciudadanos de un país no eligen a los que gobiernan, pero deben obedecer lo que esos gobernantes hacen? Cuando deben mudarse porque son desalojados para hacer obras que no pidieron ni aprobaron. Cuando son despedidos a raíz de decisiones económicas que no convalidaron. Cuando son conducidos a estudios que no desean porque se cierran aquellos que sí desean. Cuando deben pagar por servicios que siempre fueron gratuitos. Cuando deben soportar servicios obsoletos, pagar por ellos, recibir multas injustas y pagarlas, recibir impuestos sobrevaluados, y pagarlos, viajar en transportes pésimos, pagarlos caros y además pagar su déficit, recibir oleadas de bosta por los canales oficiales de televisión, ver películas cortadas, no poder actuar en el país porque sus ideas son distintas, no tener la más remota idea del futuro que le espera a su propia patria, no saber siquiera con qué se va a comer mañana...

Esa violencia cotidiana, ese estado de cosas lamentablemente común durante muchos años de historia argentina se llama PREPOTENCIA. Y el único nombre que merece el sistema de gobierno que hace de la prepotencia su modus operandi es, ni más ni menos, que PREPOCRACIA.
Argentinos: recemos para que desde las Malvinas haya partido el Exocet que haga impacto final, mortífero, en la cruel Prepocracia en la que veníamos viviendo. Amén.

miércoles, 28 de enero de 2009

GUIONES

Este es un guión policial, negro, del tipo de los que publicaba en Skorpio, en los '80. De hecho, este lo armé en una tarde de mates y vino, en la cocina de Gustavo Trigo, en el barrio de Palermo. Era demasiado fuerte para Record. Hoy no. Ah, número 5597.


Pólvora y crema Jorge Claudio Morhain ©


1.
(Boliche de baja estofa, muy de plástico. Greta hace un lento strip tease. Plano alejado, contrapicado)

(Texto)
Era de noche. Y ella, de noche, era lisa. Lisa, del color de la crema, sobre la cruda tarima, abrazada a una columna y moviéndose al compás tecno.

2.
(Se va alejando la cámara, mostrando el boliche)

El olor de su cuerpo, que entonces presentía, me sería revelado mucho después, protegido por un Chevrolet con los neumáticos reventados a balazos.

3.
(Ahora vemos a Castro, gordo, aspecto de político corrupto. Brinda hacia el escenario, sentado a una mesa)

(Texto)
Yo le hacía de sombra al pájaro gordo que brindaba en dirección al escenario. De sombra a sueldo. Y sin brindar.

4.
(Chávez, el protagonista, aspecto de duro. Bebe su whisky en la barra, desviando la vista del escenario)

(Texto)
Un retome de mi oficio, ya sin la lata oficial. Tal vez para demostrar algo. Tal vez para descubrir mi última chance...

5.
(Texto)
Era un trabajo cansador. Fatigoso. Mucha crema movediza. Y el gordo que no quería saber de cuarteles de invierno, reincidiendo con los brindis.

6.
(Detrás de él, ahora la ve, está la copera Marga)


(Marga)
¿Se nos puso nostálgico el cana...?

(Chávez)
Nnh...

7.
(Texto)
No tengo chapa por balear a un menor... Un menor de 90 kilos, con navaja, una dosis padre y unas ganas epilépticas de cargarse al primer mono que se le cruzara. Que era yo.

(Chávez)
Soy del montón, ahora. Hace tres meses. Me rajaron por descontrolado, Marga.

8.
(Marga)
No te creo. A menos que nos hayan descubierto en la Costanera, el 30 de julio, cuando te pusiste imposible...

9.
(Chávez)
Buena memoria, Marga. Pero nuestra intimidad está a salvo. Soy un ciudadano nostálgico, buscando amores fugaces y olvido.

(Marga)
Joya, entonces. Puedo ofrecerte...

10.
(Chávez señala al escenario con el vaso)

(Chávez)
Otra noche, Marga. La que me interesa hoy es aquélla.

11.
(Marga)
¿Esa? Esa es demasiado cara para cualquiera. Margarita, en cambio...

12.
(Chávez)
¿Cara, en este gallinero? ¿O están de revalúo, Marga?

(Marga)
Pasa que el gordito la está bancando, ¿no lo viste? En cualquier momento se van juntos, como todas las noches...

13.
(Chávez acaricia la cabeza de Marga, atrayéndola como en un diálogo íntimo)

(Chávez)
Dale, contame de ellos dos, Margarita.

(Marga)
¡Bueno, al menos así consigo un mimo!

14.
(Marga)
No te creas que se mucho. Es la típica. Viene el gordo, se relame. Después se sientan en la mesa y él exhibe billetes bien grandes. Monte, el dueño de este antro, feliz. Es la mejor mesa.

(Chávez)
¿Dónde se la lleva?

15.
(Marga)
¿Qué sé yo? Supongo que a un hotel... ¡No, pará, que me dijeron que el redondo le alquiló un chalet con vista al río, al norte!

16.
(Chávez)
Me tenés que conseguir la dirección, Marga.

(Marga)
¿Y yo qué voy en la botoneada?

17.
(Chávez)
Una vez me diste una mano. Y no te arrepentiste, ¿no?

(Marga)
¿Quiere decir que ahora tampoco me voy a arrepentir?

18.
(Un matón con pinta de anabolizado -Lopecito- viene en dirección a Chávez, por su espalda)

(Chávez)
Me pagan por investigar al obeso. Parece que mete los ganchos en plata ajena.

19.
(Lopecito golpea la espalda de Chávez como quien llama a una puerta)

(Chávez)
Toc, toc. ¿Quién es?

20.
(Lopecito)
Monte quiere verte.

(Chávez)
Ah, ya veo. Quiere agradecerme algo, sin duda.

(Marga)
No vayas.

21.
(Chávez va hacia la trastienda, donde espera Monte, seguido de Lopecito)

(Chávez)
¿Es tu jefe, no?

(Marga)
No tengo. Ni jefe ni proxeneta.

(Chávez)
Da igual.

22.
(Monte)
¿Por qué no te las tomás, Chávez? Nunca te imaginé tan infeliz como para venir a rondar, despojado como estás. No me gusta que vigiles a mis buenos clientes, Chávez. Y mucho menos a mis mejores clientes.

(Chávez)
¿Ahora me tuteás, roña? ¿Cambiaron los tiempos, eh?

23.
(Monte)
Mirá lo que voy a hacer: te voy a dar una paliza y me la vas a agradecer. La próxima llamo a la comisaría e invento cualquier cosa. Ahora que no estás adentro, verás que tengo buenos amigos ahí.

24.
(Chávez, de costado, pega una patada en los testículos de Lopecito)

(Texto)
No había que esperar la carroza...

25.
(Lopecito le pega una trompada casi sin impulso, neta)

(Texto)
Pero el matón de Monte los debía tener de fierro. O no los tenía.

26.
(Le pega otra en el estómago)

(Chávez)
¡Uf!

27.
(Chávez semidesmayado en el suelo. Monte se limpia los zapatos en su camisa)

(Monte)
Siempre quise limpiarme los zapatos en la camisa blanca de un cana.

(Lopecito)
¡Ja, ja, ja!

28.
(Sentado en el cordón de la vereda, sucio, estropeado, detrás el boliche)
(Texto)
No hay caso. Uno sabe que van a dársela e igual pone la jeta. Vocación de muñeco de feria, que uno tiene. Para peor, los novios ya se habían ido.

29.
(Mismo enfoque, Marga con un tapadito de piel sintética, parada a su lado)

(Marga)
Te fajaron, boludo.

(Chávez)
Cagate de risa.

30.
(Marga le da un papelito subrepticiamente, mirando a los costados)

(Marga)
Ahí está la dirección. Ahora andate, dejá de ensuciar la vereda.

31.
(Marga)
Y cuidate. Quiero otro paseo por la Costanera, ¿eh?

32.
(Chávez se aproxima, en su Chevrolet de modelo viejo -¿400?-, al ventanal de un chalet moderno)

(Texto)
Mi viejo Chevrolet rezongó pero me llevó hasta la costa. El chalet era un palacete. Y la vista al río venía de una ventana panorámica y super privada.

33.
(Texto)
Ahí estaba el gordo, haciendo el estúpido con su bailarina. Se los veía incluso cuando estacionaba mi troncomóvil.

34.
(Texto)
No había perros. Ni de cuatro ni de dos patas. El gordo tenía tanta guita que ni guardaespaldas precisaba.

(Chávez)
Poca clase. Esa ventana es una película en Cinemascope...

35.
(Texto)
Pero de clase B.

(Greta)
¿Para cuándo vamos a concretar, gordito? Mucha paciencia no tengo, ¿sabés?

(Castro)
En mi próximo viaje. Te lo juro, negrita.

36.
(Greta)
Nunca había visto jurar a un sapo...

(Castro)
¿No? Yo vi desnudarse a una vaca, hoy... Lo que pasa que hay vacas lindas, y a mí me gustan...

(Greta)
Hay que ver lo que son necesidades...

37.
(Castro)
Nos necesitamos, Greta. Ya te dije que los jefes no ven mal que salga con putas, siempre que todo termine en el hotel. Puedo justificar muchos gastos.

(Greta)
Pero no tantos como los que tenés.

38.
(Castro)
No, ni tampoco la guita que estoy transfiriendo a mi nombre. Te juro que en la próxima salida volamos los dos juntos, con todo el paquete.

(Greta)
Con todos los comprobantes, dirás.

(Castro)
Seguro. ¡Tendría que traer un vagón si fuera efectivo! ¡Ja, ja, ja!


39.
(Chávez abre una ventana en el piso superior)

(Texto)
Nunca nadie asegura las ventanas del primer piso.

(Chávez)
El que come y no convida...

40.
(Entra a una habitación a oscuras)

(Texto)
Había oído bastante, o al menos para confirmar la hipótesis de mis patrones... y los del gordo, a los que estaba robando. Pero querrían algo más que mi palabra...

(Chávez)
(A buscar unos papelitos...)


41.
(Observa que Castro y Greta hacen el amor sobre un amplio sofá, el respaldo da hacia él y hacia el lector)

(Chávez)
(No debe tener ningún papel encima. Adán tampoco los tenía.)

42.
(Texto)
Hice un trabajo de ratón. Pero de ratón veloz, tipo Speedy González. No había nada en su ataché, ni en los muebles de la casa. Y la ropa que lle¬vaba puesta había caído como hojas secas junto al diván.

43.
(Chávez avanza en cuatro patas hacia el diván, del lado del respaldo)


(Texto)
Había que jugarse. El gordo removiendo la crema estaba por completo en otra. Y el respaldo me daba protección... si es que puede llamarse.

44.
(El diván se mueve, se ve una pierna de ella. Chávez revisa la ropa del gordo, tirado en el suelo, junto al diván)

(Chávez)
(¡Carajo!)

45.
(Chávez)
(No hay ni un papel. Sólo estas llaves... Del boliche de Monte. ¿Qué tal...?)

46.
(Castro, desnudo, apunta a Chávez por encima del respaldo del diván)

(Texto)
Entonces oí el ruido. Mejor dicho, dejé de oír el ruido. El sofá dejó de hamacarse...

47.
(Texto)
Castro tenía una pistola en la mano. ¿Qué hacía con una pistola (de las que hacen «pum») en el revoltijo con la torta de crema?

(Greta)
¡AAAH...!

48.
(Greta se pone un tapado de piel sobre el cuerpo desnudo)

(Greta)
Yo me voy. No quiero saber nada con estas cosas.

(Castro)
¡Quieta ahí, carajo!


49-

(Castro)
Levantate. Despacito.

(Chávez)
Quería pedirle un autógrafo...


50.
(Castro le pega con el plano de la pistola en la cara, que ya estaba magullada)

(Chávez)
¡Ugh!

51.
(Chávez queda tendido, aparentemente desmayado. Castro se viste rápida-mente. Greta se pone un tapado de piel sobre el cuerpo desnudo)

(Greta)
¿L-lo vas a liquidar, querido?

(Castro)
No, Greta. Tenemos un plan mejor...

52.
(Castro apunta a Greta)

(Castro)
¿Te creías que iba a dejar la casa sin custodia, como un boludo? Mis socios saben lo del desfalco, y me imaginé que me pondrían un detective atrás. Esperaba que el gil llegara un momento u otro, un día u otro. Por eso tenía siempre un chumbo preparado, en el sillón, bajo la cama, en cualquier lado.

51.
(Castro)
Acá va a haber un muerto, pero no él. Él va a trabajar de asesino.
(Greta)
¿Qué... qué te pasa? ¿No soy tu amorcito, gordo de mierda?

52.
(Castro)
¿Sabés quién sos, relajada? Sos la puta que este cana va a matar para llevarse unos com-probantes truchos, que se le van a mojar hasta volverse inservibles cuando se caiga al río borracho. ¿Te gusta?

53.
(Greta se le va encima, tratando de pagarle con los puños alzados)

(GRETA)
¡Porquería! ¡Hijo de mil putas!
(CASTRO)
¡Ja, ja, ja!

54.
(En el momento en que dispara Chávez lo embiste y el tiro se desvía)

55.
(Greta aprovecha y le patea los testículos)
(Castro)
¡¡Aaaaaah!!

56.
(Castro se vuelve, gritando, y pega con el revólver a Chávez, otra vez en la cara)
(Texto)
¡Ella le pateó los huevos, y el guacho se la agarró conmigo!

57.
(Castro agarra a Chávez por los hombros y le patea los testículos con la rodilla mientras Greta le pega a Castro puñetazos en la espalda)
(Castro)
¡Me duele! ¡Me duele!

58.
(Chávez se retuerce de dolor. Castro se va, disparando varios tiros. Greta se tira al suelo, Chávez rueda sobre sí mismo)

(Chávez)
¡Uh, uh, uh!

59.
(Greta consuela a Chávez, que intenta reponerse)
(Greta)
Pobre...¿Te duele?
(Chávez)
Por lo menos no nos mató...

60.
(Greta)
¿Qué vas a hacer, milico?
(Chávez)
No soy milico. Soy detective. Castro debe ir a lo de Monte. Me sacó la llave. Seguro que Monte le guarda los comprobantes de las transferencias robadas...

61.
(Tambalea hacia la salida)

(Chávez)
Vení, vamos al cabaret. Entre dos será más divertido...

62.
(Chávez patea una goma desinflada)

(Texto)
Pobre iluso. El gordo me había reventado las gomas a tiros.

(Chávez)
¡Me cago en el gordo!

63.
(Chávez se sienta en su auto. Ella a su lado)

(Chávez)
Ahora se me escapó. Y sus socios no me van a querer pagar ni las gomas. ¡Carajo!
(Greta)
¿Y yo que tengo que decir? Ni me pagó el servicio. Claro que no lo terminé, pero...

64.
(Chávez le abre el tapado. Debajo está desnuda)

(CHÁVEZ)
Si es por eso no te hagás ningún problema...

65.
(La boite de Monte. Magda está sola bebiendo en el bar)

(Texto)
El gordo Castro llegó a la boite de Monte un rato más tarde...
(Castro)
Hola. ¿Y Monte?

66.
(Magda está llorosa)

(Magda)
Se fue a la comisaría. Creo que iba a denunciarte por la muerte de Chávez, o de Greta, o de los dos...

(Castro)
¡Qué hijo de puta! Menos mal que esos están más vivos que nosotros dos...

59.
(Magda aliviada. Castro exhibe las llaves)
(CASTRO)
¡Vení conmigo! ¿Sabés qué abren estas llaves?
(MAGDA)
¡Se...guro, cariño!

60.
(Castro mira la caja fuerte abierta en el interior de la cual hay una cantidad de papeles. Magda esta detrás)
(CASTRO)
¡Ah, qué hermosura! ¿Sabés la guita que representan esos papeles...? Creo que voy a necesitar una mina como vos... ¿Te venís, Magda?

61.
(Magda le rompe una botella de whisky en la cabeza)
(MAGDA)
¡NO!

62.
(MAGDA)
Me pregunto... me pregunto qué estará haciendo el tarado de Chávez mientras yo le hago el trabajo sucio. ¡Uf!

63.
(General del Chevrolet con las gomas desinfladas. Viene llegando la policía, lejos aún)
Uno podrá ser un podrido ex milico, cansado de coima y manoseo. Pero algo se gana en esto de hacer el detective. Amigas de fierro, por ejemplo, como Marga. Capaces de cualquier cosa por una sesión de locura en la Costanera. O un poco de crema, ¿por qué no? Crema en un Chevrolet con las gomas reventadas a tiros...


FIN



domingo, 25 de enero de 2009

PROYECTOS

Conocí a Mauro Vargas (http://maurodibuja.blogspot.com) en la Feria del Libro de Buenos Aires, cuando firmaba mi libro “Amores con Guardapolvos”. Me dijo “yo dibujo”, con esa humildad de los que no se atreven, y me mostró lo que hacía. ¡Faaaa!
Abajo se puede ver un homenaje a Lock Olmo, que me mandó.
Y las páginas del primer episodio de EL VIAJANTE, un personaje que creé para él (faltan los textos, claro) Estamos tratando de colocarlo en algún lado. Se ofrece.















sábado, 24 de enero de 2009

CUENTOS

Promesas son promesas. Aquí empiezo con la publicación del proyecto "1CxD" (Un Cuento Por Día) Este lo escribí el 17 de enero de 2006, y es el número 1 (540 en el cómputo general)

Apuntes del balandro ebrio

Tomó uno de mis cuentos, y lo leyó.
Terminó llorando, junto a mi oído, envuelta en perfume y largos rulos rubios.
Allá, afuera, las olas golpeaban desvergonzadamente la cubierta del balandro, que se adentraba en la noche, río arriba, hacia el corazón. El corazón de las tinieblas.
Se sentó, finalmente, exhausta y acaso excesivamente borracha.
Clavó en mis ojos sus ojos de color de gato, y de pronto el río calmó sus fauces, el viento bebió sus silencios, la luna emparejó las aguas, y comenzó el último período de eternidad, entre sus brazos.
Cuando comenzaron los tambores, habíamos salido ya a mar abierto, invirtiendo la marcha del balandro. Y dejando atrás, para siempre, las costas inacabables del deseo y del orgullo, del temor y del reproche, de las conjuras y las idioteces cotidianas.
Dejó de llover, al día siguiente.
La luna se había ido.
El balandro se balanceaba, lejos, lejos de un puerto inalcanzable ya.
Escribi otro cuento.
Este.
CURSOS, TALLERES, CONFERENCIAS


Lo pensé mucho tiempo, pero fue Salma Haidar, editora de la revista “Pupo”, de San Salvador de Jujuy, la que me impulsó a dictar un Curso de Historieta en aquella ciudad. Fue en 1990, una semana viviendo de la generosidad de la familia, con 50 alumnos en un taller intensivo de tres días mañana y tarde. Una gran experiencia. Pedía un arancel razonable, más pasaje y estadía. Con ese método di el curso en Santa Rosa (La Pampa), en Azul, Arrecifes, La Plata (todos en Buenos Aires) Luego se acabó el dinero en este país, y se terminaron los viajes.

La primer conferencia, sobre mi ensayo “La Argentina Premonitoria en El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld”, la dicté en el Círculo de Arquitectos de Buenos Aires, para el CACyF, Centro Argentino de Ciencia y Fantasía. Fue en noviembre de 1994. La repetiría luego en La Plata, en un encuentro de historieta y fantasía –Megacomix–, en la muestra 50/30, y en la Feria del Libro 2007 de Ushuaia.

Organicé dos encuentros de Humor e Historieta en mi pueblo, llamados “Humor en Paz”, en los años ’80.

He participado en muchas mesas redondas, sobre la historieta en general y sobre la figura de Héctor Germán Oesterheld y El Eternauta. El encuentro Leyendas 2008, de Rosario, y la muestra “Oesterheld y Después” en el Museo Arturo Jauretche, ambos en 2008, fueron los primeros en los que hablé exclusivamente de mi obra (sin dejar de mencionar a HGO, claro): sobre mi relación con Casalla y el Cabo Savino en Rosario, sobre la historieta “Samos” en Buenos Aires.


















Las fotos corresponden a:



Ushuaia 2007: Alejandro Cohen Arazi y Morhain, Alejandro, Iris Moral (organizadora - gracias por la foto-), Morhain.
Leyendas, Rosario 2008: Miguel Laino y señora, Carlos BAroceli y el Grupo Asocciación de Dibujantes del Litoral; Morhain en El Cairo; en charla con Carlos Chingolo Casalla y público; Horacio Lalia, Carlos Trillo, Carlos Casalla y Morhain. Abajo, a la derecha, con una prima nieta que acababa de conocer, Irma Morhain, en la muestra Leyendas.
A la izquierda y abajo: Muestra "Oesterheld y Después", Armando Fernández, Domingo Mandrafina y Morhain